El ministerio de Carol Cymbala en un barrio marginal de Nueva York se resume en una sola palabra: improbable. Es directora y compositora de un coro ganador de un Grammy, pero no lee música. Es la esposa del pastor en una congregación de 6.000 miembros, llena de personas de color, y es blanca. Una chica tímida que tuvo dificultades para terminar sus estudios, es la última persona que esperarías encontrar ante un auditorio lleno en el Radio City Music Hall, dirigiendo con seguridad el Coro del Tabernáculo de Brooklyn. Pero el Dios de Carol es el Dios de lo improbable.